6_abril_2026
Cada abril, la Operación Renta vuelve a instalarse como un hito del calendario financiero en Chile. Más allá de su carácter obligatorio —a través del Formulario 22 ante el Servicio de Impuestos Internos (SII)—, el proceso abre una oportunidad que suele pasar desapercibida: tomar decisiones informadas sobre recursos propios que regresan al bolsillo de los contribuyentes.
La declaración considera los ingresos obtenidos durante el año comercial anterior, en este caso de 2025, e incluye tanto a personas naturales como a empresas. Si bien no todas las personas están obligadas a declarar, especialmente quienes percibieron ingresos de un solo empleador sin otras fuentes adicionales, una parte importante de la población sí debe completar este proceso.
Este año, el calendario sigue su curso habitual: el formulario ya está disponible para revisión y el período de declaración se extenderá durante todo este mes. En ese contexto, uno de los puntos críticos no está solo en aceptar o rectificar la propuesta del SII, sino en comprender el impacto financiero posterior.

Liquidez con propósito
“Para muchos contribuyentes, la devolución de impuestos suele percibirse como un ingreso extraordinario. Sin embargo, se trata simplemente de impuestos que resultaron ser retenidos durante el año, en exceso de lo que definitivamente te correspondió pagar. Ese cambio de enfoque no es menor, ya que transforma una decisión de gasto impulsivo en una oportunidad de planificación”, señala Sebastián Escobar, Wealth Planning Specialist de Santander Private Banking.
Así, el destino de estos recursos puede tener efectos concretos en la salud financiera personal. En escenarios de tasas aún elevadas, una de las alternativas más eficientes es reducir pasivos, especialmente aquellos asociados a créditos de consumo o tarjetas, donde el costo financiero sigue siendo significativo.
Otra opción relevante es fortalecer la liquidez preventiva. La construcción o consolidación de un fondo de emergencia —capaz de cubrir varios meses de gastos— se vuelve particularmente pertinente en un contexto económico incierto, donde la estabilidad de ingresos no siempre está garantizada.

Inversión: del corto al largo plazo
Para quienes tienen una situación financiera más holgada, la devolución también puede canalizarse hacia instrumentos de inversión. Aquí, la clave no está en el producto específico, sino en la coherencia con el horizonte de tiempo, el perfil de inversionista y los objetivos particulares de cada persona.
Escobar señala que alternativas de bajo riesgo como depósitos a plazo o fondos mutuos de renta fija son utilizados generalmente para resguardar capital, mientras que perfiles con mayor disposición al riesgo pueden evaluar fondos mutuos balanceados que se componen de diferentes clases de activos y se combinan para obtener diferentes niveles de riesgo.
Finalmente, apunta que el ahorro previsional voluntario (APV) es el que entrega más beneficios si el objetivo es mejorar la pensión. Además de su componente de inversión, incorpora beneficios tributarios que permiten mejorar la devolución futura o reducir la carga impositiva, dependiendo del régimen elegido.

