Marzo es, para muchas familias chilenas, el verdadero inicio del año. A los gastos habituales se suman el regreso a clases —con listas de libros, útiles y uniformes—, el permiso de circulación, el pago de contribuciones para quienes tienen vivienda propia y, en algunos casos, las cuotas pendientes de las vacaciones de verano. Es un mes exigente que puede tensionar incluso el presupuesto más ordenado si no existe planificación previa.

En este escenario, la educación financiera deja de ser teoría y se transforma en una herramienta práctica. Por eso, es importante considerar algunas claves para enfrentar marzo sin desordenarse:
- Anticipar los gastos escolares durante el año. Si una familia sabe que en marzo gastará, por ejemplo, $400.000 entre matrículas, útiles y uniformes, puede proponerse ahorrar cerca de $33.000 mensuales en los 12 meses previos. Esa simple decisión reduce de forma significativa la necesidad de usar la tarjeta de crédito en cuotas o pedir un préstamo. Un dato a tener en cuenta para la próxima compra de útiles.
- Planificar el permiso de circulación y otros pagos anuales. Más que enfrentar el monto completo en un solo mes, la recomendación es incorporarlo dentro de la planificación anual, separando mensualmente una parte del ingreso para que no llegue como una sorpresa ni obligue a endeudarse. También se puede aprovechar el beneficio del pago en dos cuotas, cancelando la mitad antes de fines de marzo y el resto a fines de agosto.
- Contar con un fondo de emergencia. Disponer de un “colchón” equivalente a al menos tres meses de gastos fijos —arriendo o dividendo, servicios básicos, alimentación y transporte— permite enfrentar marzo o cualquier imprevisto con mayor tranquilidad y sin incurrir en endeudamiento de alto costo.

- Evitar el sobreendeudamiento para gastos recurrentes. Financiar compromisos habituales -como supermercado, transporte- en muchas cuotas puede parecer una solución cómoda, pero compromete ingresos futuros y aumenta el gasto en intereses. Antes de usar la tarjeta o solicitar un avance en efectivo, es clave preguntarse si la cuota mensual cabe con holgura en el presupuesto.
- Revisar y ajustar gastos diarios. Marzo también es una oportunidad para evaluar suscripciones digitales que no se usan, cambiarse a planes de telefonía más económicos y revisar seguros o servicios que pueden renegociarse. Lo mismo ocurre con los llamados “gastos hormiga”, que son esos consumos frecuentes de bajo monto que, acumulados, pueden representar una suma relevante al mes.
- Ordenar deudas de consumo tras el verano. Muchas familias llegan a marzo con cuotas pendientes de viajes, compras o avances en efectivo tomados en enero o febrero. Consolidar deudas o priorizar el pago de aquellas con mayor tasa de interés puede marcar una diferencia relevante en el costo total del año. Asimismo, es importante evitar pagar solo el mínimo en la deuda de la tarjeta de crédito para no generar intereses adicionales y no alargar el plazo de pago de tu deuda.
“La educación financiera marca una diferencia concreta en meses exigentes como marzo. Ser ordenado no es solo registrar los ingresos o gastos en un presupuesto, sino anticiparse y planificar el año con tiempo. Tener ahorros para enfrentar estos gastos adicionales y usar el crédito de manera responsable es fundamental para la salud financiera del hogar”, acota Carmen Gloria Silva, jefa de políticas públicas de Banco Santander.
La tranquilidad financiera no depende únicamente del nivel de ingresos, sino de la capacidad de anticiparse y actuar con disciplina. Orden, previsión y consumo responsable son herramientas concretas para que marzo no se convierta en una carga que se extienda durante todo el año.
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