Los desafíos de financiamiento que enfrenta la minería chilena 

El aumento del costo del capital y las exigencias ambientales, sociales y de gobernanza están elevando la vara para los proyectos mineros. El desafío es especialmente relevante para la mediana minería, que cuenta con menos alternativas para proyectar su crecimiento.  


La minería chilena enfrenta un escenario en que acceder a capital exige mucho más que demostrar la existencia de un recurso rentable. El financiamiento, la certeza regulatoria y la capacidad de responder a estándares ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) se han convertido en factores determinantes, especialmente para las operaciones de menor escala.  

Esto se observa principalmente en la mediana minería. Según el último Boletín Minero de Sonami, este sector suma una cartera de proyectos por US$2.727 millones hacia 2032, que podría elevar su producción a entre 500 mil y 700 mil toneladas anuales hacia 2035 si logra superar sus principales brechas. Entre ellas, el acceso al financiamiento para transformar ese potencial en nueva producción. 

“El financiamiento minero mundial vive una paradoja idéntica a la de los precios: nunca hubo tanto capital disponible para los metales de la transición energética y, al mismo tiempo, nunca fue tan difícil para un proyecto individual capturarlo”, acota el presidente de la Cámara Minera de Chile, Manuel Viera. 

Asimismo, existen diferencias con respecto al tamaño de las operaciones. Viera explica que la gran minería cuenta con caja propia, bonos, project finance y socios estratégicos, por lo que sus principales obstáculos están en los sobrecostos y atrasos de megaproyectos y en la permisología, que extiende los plazos de repago y eleva el costo financiero. 

Por otra parte, el líder senior de Estudios y Contenidos de CESCO, Cristián Cifuentes, explica que mientras la pequeña minería dispone del respaldo de la Empresa Nacional de Minería (Enami) y de instrumentos de fomento estatal, la mediana queda en una posición intermedia. “Tienen un limitado acceso a mercados de capital y sus activos a menudo no cumplen con los requisitos de calificación de los bancos comerciales”, afirma. Su escala también reduce el atractivo para inversionistas y limita sus alternativas de financiamiento. 

“El financiamiento minero mundial vive una paradoja idéntica a la de los precios: nunca hubo tanto capital disponible para los metales de la transición energética y, al mismo tiempo, nunca fue tan difícil para un proyecto individual capturarlo”

Manuel Viera, presidente de la Cámara Minera de Chile .

Costo de la incertidumbre 

El acceso al capital está condicionado por mayores costos y riesgos. Según EY, el WACC (sigla en inglés de costo promedio ponderado de capital) de la minería se ubica entre 8% y 10%, lo que ha impulsado alternativas como royalties, acuerdos de streaming —que permiten obtener financiamiento a cambio de una parte de la producción futura—, asociaciones y mecanismos de financiamiento sostenible. 

La permisología agrega otra capa de incertidumbre. Para Viera, los extensos períodos entre el descubrimiento de un yacimiento y su entrada en producción afectan el valor de los proyectos y elevan el costo financiero. También inciden el aumento del Capex por menores leyes minerales y los sobrecostos de grandes iniciativas. 

La exigencia genera un desafío adicional. Cifuentes señala que muchas compañías medianas no cuentan con recursos para desarrollar capacidades internas de medición y reporte, mientras que, según asegura, la gran minería ha avanzado en estándares internacionales e información verificable por terceros. 

“Esto genera una asimetría relevante, porque las instituciones financieras aplican criterios cada vez más estrictos en la evaluación de riesgos ambientales, sociales y de gobernanza”, asegura el analista. Incorporar estándares de sostenibilidad desde etapas tempranas, dice, se vuelve relevante para acceder a capital. 

Nuevas vías para financiar proyectos 

Frente a este escenario, las propuestas apuntan a compartir riesgos y ajustar los instrumentos a la realidad de los proyectos. Viera plantea garantías estatales parciales, fondos de inversión especializados y líneas de crédito verde con condiciones preferentes para compañías que cumplan estándares ESG. 

También propone desarrollar un mercado de capital de riesgo minero e incentivos tributarios a la exploración. A ello suma mecanismos como el streaming y los acuerdos de suministro para diversificar las fuentes de financiamiento. 

Viera plantea también reforzar el rol de la Enami, mientras que Cifuentes apunta a avanzar con créditos blandos de Corfo, adaptados a los ciclos de inversión de la mediana minería. 

Para Díaz, de Banco Santander, la preparación del proyecto sigue siendo decisiva. Un estudio técnico y económico robusto —con Capex y Opex sustentados y escenarios conservadores de precios, costos, construcción y ramp-up— es clave. Asegura que también pesan “la madurez de permisos y aspectos ambientales y sociales, calidad del sponsor y de la gobernanza, además de una estructura financiera coherente con los riesgos del proyecto”. 

El desafío no se limita a conseguir capital, sino a demostrar la viabilidad de los proyectos. Para la mediana minería, cerrar esa brecha será fundamental para transformar iniciativas en producción e inversión.