Fraudes digitales: el paso a paso para reducir riesgos en el uso diario

Santander entrega ocho claves para aumentar la seguridad en la gestión financiera desde el entorno digital. Son prácticas rutinarias que pueden marcar la diferencia y evitar situaciones de estrés, como caer en una estafa o ser víctima de phishing.

El avance de los canales digitales ha facilitado la gestión financiera, pero también ha abierto nuevas oportunidades para el fraude. Hoy, los delitos cibernéticos no solo son más frecuentes, sino también más sofisticados. En este escenario, la prevención se vuelve clave, especialmente para adultos mayores, que suelen ser uno de los grupos más expuestos.

Fabio Ribeiro, Chief Information Security Officer de Banco Santander, señala que “la seguridad en el entorno digital no depende solo de herramientas tecnológicas, sino de conductas informadas y consistentes. En un contexto donde los fraudes evolucionan rápidamente, incorporar estas prácticas como rutina es una de las formas más efectivas de resguardar la información y el patrimonio financiero”.

Así, según Ribeiro, adoptar esta serie de hábitos y criterios básicos puede marcar una diferencia relevante al momento de proteger la información personal y los recursos financieros:

Las entidades financieras no solicitan contraseñas, coordenadas ni códigos que llegan por SMS o aplicaciones. Cualquier solicitud de este tipo, ya sea por teléfono, correo o mensaje, debe considerarse sospechosa. Mantener esta regla como principio básico evita gran parte de los fraudes.

Muchos engaños apelan a generar presión: supuestos bloqueos de cuentas, compras no reconocidas o premios inmediatos. Este tipo de mensajes busca que la persona actúe sin verificar. Ante cualquier alerta, lo más prudente es detenerse, colgar la llamada del supuesto ejecutivo o no ingresar al link enviado y contactar directamente al banco a través de sus distintas plataformas.

Hay que evitar el ingreso a la banca en línea desde enlaces recibidos por correo o mensajería. Es preferible escribir la dirección del banco directamente en el navegador o usar la aplicación oficial. Las páginas falsas pueden ser muy similares a las originales, pero suelen tener pequeñas diferencias en la URL.

Las conexiones abiertas o compartidas pueden ser vulnerables. Para revisar saldos, realizar transferencias o cualquier operación bancaria, lo recomendable es usar redes privadas y dispositivos personales protegidos. En la misma línea, es importante evitar escanear códigos QR de origen desconocido, ya que pueden dirigir a sitios fraudulentos diseñados para capturar información sensible.

Contar con sistemas operativos actualizados, aplicaciones oficiales y, cuando sea posible, herramientas de seguridad, reduce el riesgo de accesos no autorizados. Esto es especialmente relevante en teléfonos móviles, donde se concentra gran parte de las operaciones financieras.

Monitorear los productos financieros permite detectar a tiempo cualquier transacción inusual. Mientras antes se identifique un problema, mayores son las posibilidades de contenerlo. Por eso, activar todas las notificaciones transaccionales, como alertas de compras, transferencias o accesos, ayuda a reconocer de inmediato movimientos sospechosos.

Preferir mecanismos de verificación robustos, como aplicaciones de autenticación, agrega una capa adicional de protección. En el caso de Santander, herramientas como Santander Pass cumplen este rol, ya que requieren validación directa del usuario en su dispositivo, lo que reduce significativamente el riesgo de operaciones no autorizadas. Además, incorpora biometría facial que garantiza un enrolamiento seguro, facilitando así su uso cotidiano con altos estándares de seguridad.

En el caso de los adultos mayores, contar con el apoyo de familiares o cercanos puede ser determinante. Ante cualquier duda, es preferible consultar antes de actuar. Establecer este hábito ayuda a reducir decisiones impulsivas frente a situaciones sospechosas.

La seguridad financiera no se trata de dominar la tecnología, sino de incorporar criterios simples: verificar antes de actuar, evitar la urgencia y resguardar la información sensible. En un entorno donde el fraude evoluciona rápido, la diferencia no está en reaccionar mejor, sino en exponerse menos desde el inicio.

De todas formas, para quienes han sufrido un fraude o detectan algo sospechoso, la recomendación es llamar de manera inmediata al 1212, el nuevo número de emergencias bancarias con asistencia durante las 24 horas.