Por Carmen Gloria Silva, gerente de Políticas Públicas y Sostenibilidad de Banco Santander.
Hablar de educación financiera es mucho más que ahorro, crédito o inversión. Es entregar herramientas para decidir mejor, enfrentar imprevistos y construir proyectos de vida con mayor seguridad. Por eso, promoverla no es solo una tarea formativa, sino que debemos entender que representa una oportunidad única para ampliar oportunidades y fortalecer la autonomía de las personas.
En octubre celebramos el Mes de la Educación Financiera y, en ese contexto, la conversación adquiere especial relevancia en estas fechas. En un entorno cada vez más digital y cambiante, tomamos decisiones financieras desde muy temprano y seguimos haciéndolo en cada etapa de la vida. Administrar un presupuesto, la compra de pequeños o grandes bienes, comprender las condiciones de un crédito, protegerse frente a riesgos financieros o prepararse para la jubilación son desafíos diferentes, pero todos requieren disponer de información y conocimientos que permitan decidir de manera consciente.
En Santander asumimos este desafío desde una mirada de ciclo de vida, porque las necesidades financieras cambian con el tiempo y la forma de abordarlas también debe hacerlo. Un estudiante que comienza a administrar sus primeros recursos necesita herramientas distintas a las de quien emprende, una familia que planifica su futuro o una persona mayor que organiza sus finanzas para la jubilación.
Esta perspectiva permite conectar la educación financiera con la vida cotidiana y traducir conceptos que muchas veces parecen lejanos en herramientas simples, útiles y pertinentes. También permite avanzar hacia una inclusión financiera más efectiva, porque el acceso a productos y servicios solo se transforma en una verdadera oportunidad cuando las personas pueden comprenderlos, compararlos y ocuparlos adecuadamente.
Si queremos construir una sociedad más equitativa, la educación financiera debe ocupar un lugar central. Contar con mejores herramientas para decidir se traduce en mayor autonomía, resiliencia y capacidad de proyectar el futuro. El desafío es seguir avanzando de manera colaborativa -desde el sector público, privado, la academia y la sociedad civil- para acompañar a las personas en cada etapa de su vida y ayudarlas a desplegar todo su potencial.

