En la Semana Mundial del Inversionista, es un buen momento para revisar si nuestras decisiones de inversión realmente están alineadas con nuestros objetivos. Cada persona necesita identificar cuánto riesgo puede asumir sin abandonar su estrategia ante las primeras caídas. El horizonte, los objetivos financieros y la capacidad para enfrentar la volatilidad permiten definir una ruta coherente.
Cuando una persona piensa en invertir, suele concentrarse en la rentabilidad que podría obtener. Sin embargo, una decisión igualmente importante consiste en determinar cuánto está dispuesta a soportar cuando el mercado se mueve en una dirección desfavorable.
La inversión se parece a una caminata por la montaña. Una persona puede preferir un sendero estable, con pocas pendientes y un avance predecible, mientras que otra puede elegir una ruta más exigente para intentar alcanzar una mejor vista. Ninguna opción es mejor por sí sola, ya que la elección depende de la preparación, el objetivo y la capacidad para mantenerse en el recorrido.
Por esta razón, antes de construir un portafolio, cada inversionista necesita conocer su tolerancia al riesgo. Este concepto refleja cuánto puede fluctuar el valor de una inversión sin provocar inquietud excesiva ni decisiones impulsivas.
“Uno de los errores más frecuentes aparece cuando la expectativa de rentabilidad no guarda relación con el riesgo asumido. Un mayor retorno potencial suele venir acompañado de periodos de mayor incertidumbre. Por eso, la estrategia adecuada es aquella que el inversionista puede mantener incluso cuando el mercado atraviesa una etapa difícil”, explica Héctor Godoy, jefe de Equity Chile de Santander Asset Management.
El camino más tranquilo: perfil conservador
El inversionista conservador elige una ruta estable y busca proteger su capital antes que aspirar a una rentabilidad elevada. Su portafolio asume un nivel de riesgo acotado y privilegia instrumentos que suelen presentar menores fluctuaciones, como depósitos a plazo, bonos y otros activos de renta fija.
El principal objetivo de este perfil consiste en proporcionar estabilidad a lo largo del tiempo. A cambio, el inversionista acepta un potencial de rentabilidad más limitado.
“El perfil conservador no implica ausencia total de riesgo. Cada instrumento enfrenta distintos factores de mercado. La diferencia está en que la estrategia prioriza la estabilidad y limita la exposición a movimientos pronunciados del portafolio”, señala Juan Camilo Guzmán, jefe de Renta Fija de Santander Asset Management (SAM).
Un equilibrio entre estabilidad y crecimiento: perfil moderado
El inversionista moderado acepta cierta volatilidad con el objetivo de buscar una mayor apreciación de su capital en el mediano o largo plazo. Su portafolio suele combinar una base de renta fija, que aporta estabilidad, con una proporción de acciones o fondos de renta variable, que entrega mayor potencial de crecimiento.
Este perfil puede resultar adecuado para una persona que cuenta con un horizonte suficiente para enfrentar fluctuaciones temporales, pero que no se siente cómoda con cambios demasiado bruscos en el valor de su inversión.
“El equilibrio no significa que el portafolio permanezca inmóvil. Significa que cada componente cumple una función. La renta fija puede aportar estabilidad, mientras que la renta variable puede entregar exposición a oportunidades de crecimiento. La proporción adecuada dependerá del objetivo, el horizonte y la tolerancia al riesgo de cada inversionista”, afirma Bernardo Hasenlechner, jefe de Asset Allocation y Fondos Balanceados de SAM.

La ruta más exigente: perfil arriesgado
El inversionista arriesgado acepta fluctuaciones significativas porque mantiene un horizonte de largo plazo y busca capturar un mayor potencial de crecimiento. Su portafolio suele presentar una mayor exposición a la renta variable y, por ello, puede registrar retrocesos relevantes durante periodos de volatilidad.
Este perfil entiende que una caída temporal forma parte del recorrido. Sin embargo, también requiere una alta capacidad para mantener la estrategia y evitar una venta apresurada cuando el mercado atraviesa una corrección.
“La volatilidad no debe confundirse automáticamente con una pérdida definitiva. En una estrategia de largo plazo, el valor del portafolio puede atravesar distintas etapas. El riesgo aparece cuando el inversionista necesita retirar los recursos antes de lo previsto o cuando abandona la estrategia en medio de una caída para la cual no estaba preparado”, sostiene Godoy.
Mantenerse en la ruta
El mercado siempre enfrenta periodos de incertidumbre. En algunos momentos, las noticias pueden generar preocupación. En otros, el optimismo puede impulsar decisiones tomadas sin suficiente análisis. Cuando la emoción domina el proceso, el inversionista corre el riesgo de comprar o vender en un momento poco conveniente para su estrategia.
Más que encontrar una inversión perfecta, cada persona necesita construir un portafolio coherente con sus objetivos, su horizonte y su capacidad para enfrentar fluctuaciones. La mejor estrategia no siempre es la que ofrece el mayor retorno potencial, sino aquella que puede mantenerse con convicción a lo largo del tiempo.
Para conocer qué estrategia se ajusta a sus necesidades, los clientes de Santander pueden consultar las herramientas de asesoría online disponibles en el sitio web del Banco. Esta instancia con un gestor experto entrega orientación para construir una estrategia acorde con su situación financiera y sus objetivos de largo plazo.
“La volatilidad no debe confundirse automáticamente con una pérdida definitiva. En una estrategia de largo plazo, el valor del portafolio puede atravesar distintas etapas. El riesgo aparece cuando el inversionista necesita retirar los recursos antes de lo previsto o cuando abandona la estrategia en medio de una caída para la cual no estaba preparado”
Héctor Godoy, jefe de Equity Chile de Santander Asset Management.
