Por Fernando Larraín, vicepresidente ejecutivo de Comunicaciones, Marketing y Estudios de Banco Santander.
Chile y España comparten mucho más que una historia e idioma común. Los unen empresas, inversiones, familias y una relación que ha sabido renovarse con el tiempo. Pero, en un escenario internacional incierto y cambiante, esos vínculos no pueden darse por descontados. Hay que cultivarlos y convertirlos en oportunidades concretas.
Por eso, la nueva edición de ChileDay en Madrid que se realiza el lunes 14 de septiembre llega en un momento relevante. Será la primera bajo el actual Gobierno y encontrará a una nación que necesita recuperar dinamismo, atraer inversión y volver a proyectar confianza. La participación de altas autoridades, expositores de clase mundial y los más de 700 inscritos a este evento confirman que nuestro país sigue generando atención. La pregunta es si podremos transformarla en decisiones que se conviertan en una realidad.
La edición de este nuevo ChileDay -el segundo consecutivo en Madrid- tiene, además, un énfasis oportuno: la economía real. Porque detrás de las grandes cifras y los anuncios hay proyectos que cambian la vida cotidiana. Una inversión se vuelve tangible cuando permite construir mejores caminos, ampliar el acceso a energía limpia o crear empleos de calidad.
Nuestro país tiene con qué avanzar. Conserva activos reconocidos internacionalmente: una economía integrada al mundo y sectores con potencial, desde la minería y la energía hasta la infraestructura y la transformación tecnológica. Sin embargo, las ventajas comparativas no se convierten por sí solas en bienestar. Para que eso ocurra se necesitan proyectos, certezas, capacidad de ejecución y una mirada que sobreviva a los ciclos políticos.
Ese es el verdadero valor de ChileDay. No se trata de exhibir una buena cara del país ni de sumar reuniones a una agenda, sino de conversar con quienes deciden dónde invertir, entender qué necesitan para hacerlo y reconocer aquello que todavía debemos resolver. En un mundo donde el capital es más selectivo y los países compiten por atraerlo, la confianza se construye.
Y eso exige acuerdos. No consensos que borren las diferencias o eludan debates legítimos, sino mínimos compartidos sobre el país que queremos proyectar. Crecer más, impulsar la inversión y mejorar nuestra capacidad de competir no debieran ser objetivos de un solo sector. Requieren continuidad, colaboración y disposición a escuchar miradas distintas.
En este escenario, la banca también tiene una responsabilidad. No basta con financiar proyectos cuando ya están en marcha. Es necesario conectar empresas con nuevos mercados, acercar capital a buenas iniciativas y ayudar a que las oportunidades se materialicen. En Santander conocemos y estamos preparados para ese desafío. El Grupo nació hace casi 170 años, ligado al comercio entre España y Las Americas, y esa vocación sigue vigente: contribuir a acercar proyectos, empresas e inversionistas, como un actor capaz de acompañar a las empresas en esta nueva etapa de crecimiento.
Madrid será una oportunidad para mostrar lo que nuestro país puede ofrecer. Sería un error conformarse con una buena presentación. El éxito de ChileDay no se medirá por la convocatoria, los discursos o las reuniones, sino por las conversaciones que continúen al regreso y por los proyectos que efectivamente avancen.
Chile necesita convertir el interés en confianza; la confianza, en inversión; y la inversión, en caminos, energía limpia, mejores empleos y oportunidades reales. Solo entonces podremos decir que la economía va en la dirección que importa: la del progreso de las personas.

